Ciudad del Vaticano - El Papa León XIV y la Curia Romana prosiguen su camino cuaresmal, inmersos en el tercer día de Ejercicios Espirituales. Esta mañana, 24 de febrero de 2026, la Capilla Paulina ha acogido al Santo Padre, a los Cardenales y a los Jefes de Dicasterio para la cuarta meditación del ciclo predicado por Monseñor Erik Varden, monje trapense y obispo, sobre el tema general "Iluminados por una gloria escondida".
Tras
el rezo de la Hora Intermedia a las 9:00, la atención se ha centrado en la
meditación titulada "Llegar a ser libres". Un momento de profunda
reflexión que ha tocado uno de los puntos neurálgicos de la contemporaneidad:
el significado auténtico de la libertad.
La
retórica de la libertad y el desafío cristiano
Monseñor
Varden ha iniciado su reflexión con un análisis increíblemente lúcido del
contexto cultural actual, donde el concepto de libertad se ha convertido en un
"instrumento retórico de suma eficacia", a menudo utilizado para
dividir más que para unir. El predicador ha destacado cómo, en el debate
público y especialmente en línea, cualquier percepción de limitación de la
libertad desencadena "reacciones indignadas" o incluso movilizaciones
de masas.
Sin
embargo, esta inflación del término esconde una trampa: "Lo que un
segmento de la sociedad percibe como 'liberador' es considerado opresivo por
otros". Se crean así frentes contrapuestos, armados con definiciones
incompatibles de liberación. Esta fragmentación representa un desafío directo
para los creyentes, llamados a aclarar qué significa, en la fe, llegar a ser
libres.
La
ilusión del hombre caído
Recurriendo
a la sabiduría de San Bernardo, Varden ha desenmascarado la ilusión de lo que
comúnmente consideramos la libertad natural: "actuar a nuestro modo,
satisfacer nuestros deseos y realizar nuestros planes sin interferencias".
Para el monje trapense, esto no es libertad, sino ceguera.
Con
punzante ironía, San Bernardo se dirige al hombre convencido de su propia
autonomía preguntando: "¡Sabelotodo! ¿quién te crees que eres?!".
Nuestra tendencia a recaer en los mismos errores y a dejarnos engañar por las
mismas trampas es la prueba de que no somos verdaderamente libres para
perseguir el bien. "Somos incapaces de progresar con constancia hacia la
verdadera meta de nuestra vida", permaneciendo rehenes de distracciones y
obstáculos.
Un
amor crucificado
El
núcleo de la meditación ha propuesto una inversión radical de la perspectiva.
La libertad cristiana no es autoafirmación o conquista violenta, sino que se
arraiga en el "¡Sí! incondicional del Hijo a la voluntad del Padre".
Monseñor Varden ha ofrecido a los presentes un pasaje clave, definiendo la
libertad no como una fuerza que somete, sino como la capacidad de amar hasta el
extremo: "La libertad cristiana no consiste en conquistar el mundo por la
fuerza, sino en amarlo con un amor crucificado, tan magnánimo que nos hace
desear dar nuestra vida por él para que sea, en Cristo, liberado".
Desde
esta visión, ninguna ideología política o estructura impersonal como "la
Economía" o "la Historia" puede justificar la opresión en nombre
de la libertad. "La única libertad significativa es la personal", ha
advertido el predicador, recordando que la libertad de uno nunca puede anular
la del otro.
Silencio
y resonancias entre los purpurados
Al
término de la meditación, los participantes han dispuesto de un tiempo de
silencio para custodiar en el corazón las palabras escuchadas y dejarse
interpelar por estas reflexiones. El ambiente en la Capilla Paulina ha sido
descrito como de intenso recogimiento. Varios Cardenales han expresado su vivo
aprecio por el estilo de Mons. Varden. Su predicación ha sido definida por
algunos como "breve pero profunda, monástica e incisiva". La
capacidad de unir el análisis cultural desencantado con la profundidad de la
tradición espiritual cisterciense parece haber tocado las fibras adecuadas,
ofreciendo no respuestas prefabricadas, sino provocaciones saludables para la
oración personal. La jornada continuará por la tarde. A las 17:00, el Papa y
los cardenales se reunirán nuevamente para una segunda meditación titulada
"El esplendor de la verdad", seguida de la Adoración eucarística y el
rezo de Vísperas.
p.F.V.
Silere non possum