Ciudad del Vaticano - En la tarde de hoy, lunes 23 de febrero de 2026, la Capilla Paulina ha acogido nuevamente al Santo Padre León XIV, a los Cardenales y a los Jefes de Dicasterio de la Curia Romana para la continuación de los Ejercicios Espirituales de Cuaresma. Tras la reflexión matutina centrada en la figura de San Bernardo, el predicador Mons. Erik Varden O.C.S.O. ha guiado a los presentes en la tercera meditación del retiro, profundizando en un tema crucial para la vida de fe: "La ayuda de Dios".
El itinerario espiritual, que se desarrolla bajo el tema general "Iluminados por una gloria escondida", ha ofrecido a los participantes un intenso momento de confrontación con la propia fragilidad y con la potencia de la Gracia divina, culminando en la Adoración eucarística y en la oración de las Vísperas.
"Quien habita al amparo del Altísimo"
En la meditación de esta tarde, Varden ha partido de una cita de Mary Ward, gran educadora del siglo XVII: «Haced lo mejor que podáis y Dios os ayudará». Esta sencilla frase encierra, ha explicado el predicador, un «axioma de la fe bíblica» que distingue netamente al Dios cristiano, encarnación de la compasión, del "Motor Inmóvil" de la filosofía. El obispo trapense ha guiado a la asamblea a través del Salmo 90, deteniéndose en el versículo inicial: Qui habitat in adiutorio Altissimi ("Quien habita al amparo del Altísimo"). Ha explicado cómo, en la visión de San Bernardo y de la tradición bíblica, la ayuda divina no es una intervención esporádica, sino un ambiente vital: «La ayuda de Dios, dice Bernardo, puede definirse como una morada en cuanto constituye una realidad que nos sostiene, dentro de la cual podemos vivir, movernos y existir. La ayuda de Dios no es ocasional; no es un servicio de emergencia al que contactamos cuando una casa se incendia o alguien es atropellado por un coche, como si llamáramos al 112».
La lección de Job: del lamento a la Gracia
El corazón de la reflexión ha tocado el misterio del dolor inocente y del silencio de Dios. Varden ha evocado la figura de Job, describiendo su libro como «una sinfonía en tres movimientos», que pasa del «Lamento visceral» a través de la exposición de la «Amenaza» hasta la experiencia inesperada de la «Gracia». Mons. Varden ha advertido contra una concepción utilitarista de la fe, a menudo vivida como una «póliza de seguro» contra las desgracias. Ha desafiado a los presentes a interrogarse sobre la naturaleza de su propia relación con Dios cuando las «barreras protectoras» se derrumban: «Dios puede hacer posible un mundo nuevo y bendito después de haber derribado los muros que nosotros pensábamos que eran el mundo, muros dentro de los cuales en realidad nos asfixiábamos». La verdadera morada en la ayuda de Dios no significa buscar falsas seguridades, sino aceptar atravesar la prueba para «aprender a vivir con Gracia en este nuevo nivel de profundidad».
El silencio de la Adoración
Al término de la meditación, el Papa León XIV y los miembros de la Curia han vivido un tiempo prolongado de Adoración eucarística. En un clima de profundo recogimiento, los participantes han tenido la oportunidad de custodiar en el corazón las palabras del predicador, dejándose interrogar por los puntos ofrecidos sobre la naturaleza del sufrimiento y sobre la presencia constante de Dios. La jornada ha concluido con el canto de las Vísperas y la bendición eucarística, sellando un día de intensa búsqueda espiritual, dirigida a redescubrir esa "gloria escondida" que ilumina incluso los momentos más oscuros de la existencia humana.
p.F.V.
Silere non possum