Ciudad del Vaticano - Esta mañana, sábado 28 de febrero de 2026, el Papa León XIV ha reanudado las audiencias privadas tras haber pasado una semana de ejercicios espirituales en el Palacio Apostólico, guiados por Obispo Erik Varden. El Pontífice ha querido dedicar su primer encuentro a los seminaristas procedentes de cuatro seminarios españoles.

En su discurso, el Papa lanzó un llamamiento fuerte y directo, poniendo el foco en el corazón de la formación sacerdotal: desarrollar una mirada sobrenatural de la realidad. También advirtió de una amenaza sutil pero peligrosa que afecta a todos los cristianos y, de modo particular, a quienes se preparan para el sacerdocio: el riesgo del vacío espiritual, que describió con la imagen elocuente de “morir de pie”.

Quitar lo sobrenatural para encontrar lo antinatural

En el centro de la intervención del Santo Padre hubo una cita contundente de G.K. Chesterton: “Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural” (cf. Heretics, VI). El Papa León XIV utilizó esta frase como clave de lectura de todo su mensaje, explicando que, cuando la relación viva con Dios se oscurece o se debilita, la vida empieza a desordenarse desde dentro. Ese estado “antinatural” no se limita al pecado escandaloso, sino que pasa por la decisión silenciosa y cotidiana de vivir prescindiendo de Dios, dejándolo al margen de los criterios y de las decisiones con los que se afronta la existencia.

Para un seminarista o un sacerdote, este peligro se agrava. ¿Qué podría haber más antinatural - planteó el Papa - que hablar de Dios con familiaridad y, sin embargo, vivir interiormente como si su presencia existiera sólo en el plano de las palabras y no en el espesor de la vida? Advirtió que nada es más peligroso que acostumbrarse a las cosas de Dios sin vivir de Dios. Por eso, en el fondo, todo comienza - y vuelve siempre - a la relación viva y concreta con Aquel que nos ha elegido.

La raíz profunda contra la apariencia estéril

Para prevenir este desgaste interior, el Papa subrayó que la visión sobrenatural no supone huir del mundo. Al contrario, es la capacidad - que se aprende - de reconocer la acción de Dios en lo concreto de cada jornada. Ese es el principio que da unidad a todos los demás aspectos de la formación. Sin él, incluso prácticas buenas como el estudio, la oración y la vida comunitaria pueden vaciarse por dentro y convertirse en gestos externos, reducidos a mero cumplimiento. Para custodiar esa mirada, el Papa recomendó un método sencillo y probado: la práctica de la presencia de Dios, un ejercicio que mantiene el corazón despierto y la vida constantemente referida a Él.

El Papa León XIV recurrió a dos imágenes bíblicas potentes para explicarlo. La primera, tomada del salmo primero, presenta al justo como un árbol plantado junto a las aguas, con raíces profundas. Ese árbol es fecundo no porque evite las dificultades, sino porque su fundamento es seguro. Las tormentas y la sequía forman parte de su crecimiento, pero no pueden destruirlo porque permanece unido a su fuente de vida.

En claro contraste aparece la paradoja de la higuera estéril del Evangelio de Lucas. Aun recibiendo cuidados, no da fruto. El Papa utilizó esta imagen para introducir el concepto de los árboles que “mueren de pie”: por fuera pueden seguir pareciendo altos y vivos, pero por dentro ya están secos y muertos. En síntesis, se trata de un aviso contundente para quienes lo apuestan todo a la apariencia, presentándose en entrevistas televisivas, podcasts, reels, TikTok o YouTube, o llegando a la parroquia bien arreglados y llenos de sí mismos, proyectando la imagen de una persona preparada y “lista”. El Papa advierte también a quien piensa revolucionar la Iglesia con su presencia y sus elecciones. He aquí el monito: a veces, lo que aparece no coincide con lo real. Esto – señaló - es lo que puede suceder a un seminarista o a un sacerdote que confunde la fecundidad espiritual con una intensa actividad o con un cuidado meramente exterior de las formas religiosas. Cuando se descuida la raíz profunda de una relación personal con Dios, todo termina secándose por dentro hasta que, silenciosamente, la persona queda espiritualmente muerta, aunque conserve una apariencia de vida.

El fundamento de todo: “estar con el Maestro”

En definitiva, el Papa volvió a lo más sencillo y decisivo de la vocación: estar con el Maestro. Jesús llamó a sus discípulos, ante todo, “para que estuvieran con Él”. Este - subrayó León XIV - es el fundamento de toda formación sacerdotal: permanecer con el Señor y dejarse formar desde dentro por el Espíritu Santo. Aunque los medios humanos y las intuiciones psicológicas sean valiosos, nunca podrán sustituir esta relación central.

El Santo Padre concluyó con palabras de agradecimiento y aliento, recordando a los seminaristas, a sus formadores y a sus familias que no caminan solos: Cristo los precede, la Virgen María los acompaña y toda la Iglesia los sostiene con la oración.

Su mensaje se presenta como un recordatorio vital para todos - fieles laicos y presbíteros -: una vida de fe auténtica es la que está arraigada profundamente en una relación viva, momento a momento, con Dios; una relación que protege de la tragedia silenciosa de morir permaneciendo en pie.

p.L.V.
Silere non possum