Ciudad del Vaticano - En estas horas ha llegado a los miembros del Sacro Colegio Cardenalicio la carta con la que el decano, el cardenal Giovanni Battista Re, expone el programa del próximo consistorio. El documento anticipa los contenidos y el calendario de una cita ya cercana, fijada para los días 26, 27 y 29 de junio.

Re comienza precisando el sentido del encuentro, inspirado – escribe - en la experiencia «ya vivida en el encuentro anterior»: un espacio de escucha recíproca, de discernimiento y de profundización común sobre algunas cuestiones relevantes para la vida y la misión de la Iglesia en el tiempo presente. El Santo Padre, se lee en la carta, desea «recoger la experiencia y el consejo» de los miembros del Colegio y, al mismo tiempo, poder contar con su apoyo activo en los distintos lugares en los que sirven a la Iglesia. De ahí el deseo de que el trabajo se desarrolle «en un clima de escucha, libertad y parresía».

Las sesiones se articularán en torno a cuatro temas principales, distribuidos a lo largo de las jornadas.

La primera sesión tendrá el carácter de una meditación compartida a partir de la situación internacional. En un clima de oración, los cardenales son invitados a dejar emerger aquello que se vive en las distintas partes del mundo y en las Iglesias locales, siguiendo dos preguntas: qué sufrimientos, tensiones e interrogantes atraviesan hoy con mayor fuerza a los pueblos y a las comunidades eclesiales, y qué signos de esperanza, de fidelidad al Evangelio y de posible reconciliación parece importante llevar a la escucha común.

La segunda y la tercera sesión estarán dedicadas a la encíclica Magnifica humanitas. La segunda partirá del capítulo quinto, «La cultura del poder y la civilización del amor», con especial referencia a los números 182-192. Ante una cultura marcada por la polarización, la violencia y una conflictividad creciente, el texto recuerda que «la paz no es un tema entre otros, sino una condición del bien común universal y una prueba de la madurez moral de los pueblos» (n. 182). El intercambio tocará de cerca la experiencia de quienes proceden de territorios marcados por la guerra e interpelará a los purpurados sobre cómo reafirmar hoy «la superación de la teoría de la “guerra justa”, invocada demasiadas veces para justificar cualquier guerra» (n. 192).

La tercera sesión, a partir de la perspectiva del «construir en el bien» recordada en la introducción y en la conclusión del documento, quiere profundizar en la invitación de la encíclica a leer las transformaciones de nuestro tiempo a la luz del Evangelio y a orientar el deseo humano de felicidad hacia un desarrollo humano integral.

La última sesión estará dedicada, en un primer momento, a la actualización de los miembros del Colegio sobre el proceso de aplicación del Sínodo, a partir del reciente documento hacia las Asambleas sinodales 2027-2028: etapas, criterios e instrumentos para la preparación. Seguirá un tiempo de diálogo libre con el Santo Padre, con intervenciones de tres minutos de duración.

Recordando la experiencia del consistorio del pasado mes de enero, el decano desea una preparación adecuada, «no solo mediante una atenta consideración de las cuestiones», sino también y sobre todo a través de la oración y de una renovada escucha de la vida de las Iglesias, porque la contribución de cada cardenal «resulta tanto más fecunda cuanto más nace del contacto vivo con el Pueblo de Dios».

En cuanto a la logística, Re precisa que el consistorio se celebrará los días 26 y 27 de junio en el Aula Pablo VI y en el Aula del Sínodo, para concluir el 29 de junio en la Basílica de San Pedro, cuando el Santo Padre presidirá la Santa Misa en la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, bendecirá los palios y los impondrá a los nuevos arzobispos metropolitanos. La carta reitera además - «como se había señalado anteriormente» - que no está prevista una Eucaristía concelebrada en la jornada del domingo 28 de junio.

La misiva concluye confiando este tiempo de preparación a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, con el renovado agradecimiento del decano por el servicio de los purpurados y la seguridad de su recuerdo en la oración.

d.F.C.
Silere non possum






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