Audiencias conseguidas a través de amistades, colaboradores y canales informales, controles débiles y responsabilidades difíciles de determinar. De Lino a Francisco, el problema ha seguido siendo el mismo: sin criterios transparentes, el acceso al Pontífice se convierte en una baza que puede utilizarse, y el Papa corre el riesgo de quedar expuesto a quienes pretenden servirse de él.
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