Ciudad del Vaticano - En la solemne quietud de la Capilla Paulina, bajo la majestuosa mirada de los frescos de Miguel Ángel que inmortalizan la Conversión de Saulo y la Crucifixión de San Pedro, resonaron las palabras de Mons. Erik Varden, monje y obispo trapense. En estos días, Varden está guiando los ejercicios espirituales de Cuaresma, un itinerario de profunda reflexión y oración que reúne al Papa León XIV, a los jefes de los dicasterios de la Curia Romana y a los cardenales residentes en Roma. Este camino espiritual, iniciado el pasado domingo, concluirá mañana, viernes 27 de febrero de 2026. La jornada de hoy estuvo marcada por un ritmo de oración y meditación, invitando a los participantes a sumergirse profundamente en el misterio divino. A las 9 de la mañana, la Oración de la Hora Intermedia abrió el camino espiritual, seguida de la meditación titulada “Los ángeles de Dios”.
Por la tarde, a las 5, tuvo lugar la novena meditación, titulada “San Bernardo realista”, en la que el obispo Varden se dirigió directamente al Papa y a los presentes con palabras de rara profundidad. La jornada concluyó con la Exposición del Santísimo Sacramento, las Vísperas y la Bendición Eucarística, sellando una experiencia de comunión y contemplación.
San Bernardo: el realismo de la misericordia
En su meditación, el obispo Varden trazó un espléndido retrato de San Bernardo de Claraval, figura emblemática del monacato cisterciense, subrayando su transición del idealismo juvenil a un realismo maduro, forjado por la experiencia y la gracia divina. “El psicoanalista Jacques Lacan – recordó Varden – dijo que ‘lo real es aquello contra lo que chocamos’. Bernardo, en sus esfuerzos de Realpolitik, se enfrentó a menudo a obstáculos, pero fue precisamente en estos choques donde descubrió la realidad más profunda: un grito que clama por misericordia.”
El presidente de los obispos escandinavos destacó cómo Bernardo, al reconocer este grito en los corazones humanos, en los conflictos mundanos e incluso en la naturaleza, encontró la gloriosa respuesta de Dios en el nombre de Jesús, descrito como “aceite fragante, sanador y purificador”. Citando las palabras del santo, Varden recordó: “Todo alimento del alma es seco si no está impregnado de este aceite; es insípido si no está sazonado con esta sal. Si escribes, para mí no tiene sabor si no leo en ello a Jesús. Si discutes o hablas, para mí no tiene sabor si no resuena en ello el nombre de Jesús.”
La maduración espiritual de Bernardo
El camino de Bernardo, explicó Varden, lo llevó a una comprensión profunda del término affectus, que para el santo representaba el movimiento de la gracia a través de los sentidos, haciendo perceptible a Dios en la realidad encarnada. “Solo cuando nuestra naturaleza sea iluminada sobrenaturalmente – dijo Varden – revelará su forma perfecta, su forma formosa; solo entonces la gloria oculta dentro de nosotros y a nuestro alrededor brillará con destellos intensos.” Este realismo espiritual permitió a Bernardo convertirse no solo en un reformador, sino también en un doctor y santo, capaz de interpretar cada situación a la luz de Cristo. “Era – nos dice la Vita Prima – libre consigo mismo.”
Mañana, último día de los ejercicios espirituales, la jornada comenzará a las 9 con la Oración de la Hora Intermedia, seguida de la meditación titulada “Sobre la consideración”. Por la tarde, a las 5, tendrá lugar la última reflexión, con el tema “Comunicar esperanza”, seguida de la Adoración Eucarística y las Vísperas. Con esta meditación final se cerrará el camino espiritual del Papa León XIV, una experiencia que, como cada año, renueva el corazón de la Iglesia y de sus pastores, iluminándolos con la luz de la misericordia divina.
p.F.V.
Silere non possum