Ciudad del Vaticano - El nombramiento de S.E.R. Manuel Nin, O.S.B. como nuevo Exarca Apostólico de la Abadía territorial de Santa María de Grottaferrata es una noticia extraordinaria y un acto importante del pontificado de León XIV, porque pone fin a una sede vacante que se prolongaba desde 2013 hasta hoy, uno de los periodos más largos registrados en la cronotaxis reciente de la abadía.
No solo el Papa Francisco se negó a garantizar a esta realidad, totalmente peculiar, un ordinario al que, por naturaleza y estatuto, tenía derecho; además nombró como administrador apostólico a Marcello Semeraro, figura problemática, conocida en el Vaticano por su atención al dinero y a las dinámicas de poder, por el subterfugio y por los acuerdos bajo cuerda, y considerada completamente desinteresada por el monacato.
La abadía de Grottaferrata
La Abadía territorial de Santa María de Grottaferrata es una realidad eclesial única en Italia porque pertenece a la Iglesia bizantina católica en Italia y custodia de manera estable el rito bizantino-griego y la tradición monástica oriental, aun estando desde siempre en comunión con el Obispo de Roma: fundada en 1004 por san Nilo de Rossano, es decir, antes del cisma entre Roma y Constantinopla, ha permanecido a lo largo del tiempo como un puente concreto entre Oriente y Occidente, y hoy se la señala como el último de los monasterios bizantinos que en otro tiempo estuvieron difundidos en el sur de Italia y en Roma. Su misma fisonomía jurídica es peculiar: la abadía territorial comprende únicamente la abadía y la iglesia abacial es la única parroquia, en un territorio de 1 km².
La vida de los monjes basilianos se caracteriza por una forma de consagración total: oración y trabajo no son dos planos separados, sino una jornada marcada por la liturgia coral y por los compromisos de trabajo manual e intelectual (desde el cultivo de la tierra hasta las publicaciones y el servicio de biblioteca), con el horizonte constante de la docilidad al Espíritu y de la oración del corazón como aspiración típica de la mística bizantina.
¿Quién es el nuevo Exarca Apostólico?
S.E.R. Manuel Nin Güell, O.S.B., nació el 20 de agosto de 1956 en El Vendrell, en la Arquidiócesis de Tarragona (España). Ingresó en el Monasterio benedictino de Montserrat, donde emitió los primeros votos el 26 de abril de 1977 y la solemne profesión monástica en 1980. Fue ordenado presbítero el 18 de abril de 1998.
Ha desempeñado los siguientes encargos y realizado estudios adicionales: Licenciatura en Teología en Roma; Rector del Pontificio Colegio Griego de Roma (1999-2016). El 2 de febrero de 2016 fue nombrado Exarca Apostólico para los católicos de rito bizantino residentes en Grecia, recibiendo la ordenación episcopal el 15 de abril siguiente con el título de Carcabia.
León XIV devuelve serenidad a la Iglesia de la que es primado
Este nombramiento pone en foco dos aspectos importantes del pontificado de León XIV. El primero es una elección de custodia de las formas eclesiales “de frontera”, donde la vida monástica y las tradiciones minoritarias no se toleran como “capricho de una comunidad”, sino que se reconocen como patrimonio vital de la Iglesia. León, al dirigirse a las obras de ayuda a las Iglesias orientales (ROACO), ya había tenido ocasión de explicar esta convicción suya, evocando la gracia y la belleza de las tradiciones orientales, de liturgias capaces de “dejar que Dios habite el tiempo y el espacio” y de cantos seculares “impregnados de alabanza, gloria y misterio”, pidiendo que el Oriente cristiano sea conocido y, por tanto, verdaderamente amado.
El segundo aspecto se refiere a la forma misma de las abadías territoriales, es decir, una Iglesia particular equiparada a la diócesis: una porción del pueblo de Dios circunscrita territorialmente cuyo cuidado se confía, por circunstancias especiales, a un Abad o Exarca que gobierna como un Obispo. Con el nombramiento de S.E.R. Manuel Nin i Güell, además, el Exarca también está investido del carácter episcopal, puesto que fue ordenado obispo el 15 de abril de 2016.
Silenciosamente León XIV desmonta un sistema
El nombramiento es, por tanto, una señal de especial relieve: llega después de años en los que el Papa Francisco y, con él, el entonces nuncio en Italia Emil Paul Tscherrig han contrastado de manera ideológica estas conformaciones eclesiales. Y, sin embargo, se trata de estructuras peculiares y nada marginales: inciden directamente en la vida monástica, porque garantizan una forma de gobierno coherente con la estabilidad y la identidad de la comunidad, y son igualmente decisivas para los fieles que se remiten a ellas, quienes encuentran en la abadía territorial un punto de vida litúrgica, pertenencia y cuidado pastoral.
Con esta decisión, León XIV pone orden y devuelve serenidad también a la Iglesia de la que es primado, Italia. Una vacancia tan larga en una circunscripción eclesiástica no es una tontería: significa dejar a una comunidad sin un guía plenamente responsable, capaz de compartir desde dentro la misma vida, el mismo ritmo y, sobre todo, la específica peculiaridad de ese contexto. Cuando una sede permanece descubierta durante años, la administración suple, pero no sustituye lo que marca de verdad la diferencia: un liderazgo estable, cotidiano, identificable, que conozca y asuma como propia la identidad del lugar.
El mismo esquema se repitió con la Eparquía de Piana degli Albanesi: el Papa Francisco la dejó cinco años en sede vacante, después de haber mantenido durante mucho tiempo a una figura problemática como Giorgio Demetrio Gallaro, que dividió la Eparquía y alimentó el malestar. Luego envió como administrador a un cardenal igualmente discutido, Francesco Montenegro: primero ensalzado por sus posiciones sobre la inmigración, y después, de hecho, aparcado en Casa San Benedetto, donde fueron exiliados todos los purpurados “de punta” del pontificado de Bergoglio. Hoy no le queda más que concederse paseos entre las librerías alrededor del Vaticano, tras haber dejado a sus espaldas una estela de daños tanto en Agrigento como en Piana degli Albanesi. Y precisamente en Piana el balance fue más pesado: una administración llevada adelante sin comprensión real de la Eparquía, con un gobierno de facto a distancia, orientado por sus habituales lógicas de pertenencias y amistades más que por la atención a la tradición, al rito y a la vida concreta del pueblo confiado. También a este sistema, por fortuna, León XIV puso fin el pasado 30 de agosto con el nombramiento de Raffaele De Angelis como nuevo Eparca.
p.M.S.
Silere non possum