A finales de mayo, el arzobispo Filippo Iannone, prefecto del Dicasterio para los Obispos, presidió en Zagreb la solemne celebración eucarística en honor de Nuestra Señora de la Puerta de Piedra, patrona de la capital croata, y encabezó después la tradicional procesión por las calles del centro. Al día siguiente pronunció una lectio magistralis en la Universidad Católica Croata, con motivo del vigésimo aniversario de su fundación. Durante su estancia en la capital, el carmelita napolitano concedió también una extensa entrevista al semanario católico Glas Koncila, la primera desde que León XIV lo llamó a sucederle al frente del Dicasterio encargado de la selección de los candidatos al episcopado en buena parte del mundo.
Un Dicasterio al servicio del Papa y de las Iglesias particulares
Iannone comienza delimitando las competencias de su Dicasterio: la erección, la vida y la actividad de las diócesis, la selección de los candidatos al episcopado que han de ser presentados al Papa y el ministerio de los obispos en sus Iglesias. Todo ello, subraya, dentro de la interdicasterialidad querida por Praedicate evangelium, que exige la colaboración con los demás organismos de la Curia Romana, desde el Dicasterio para el Clero hasta el de la Vida Consagrada.
El prefecto recuerda que la autoridad del Dicasterio corresponde a la sesión plenaria de sus miembros, nombrados por el Pontífice, mientras que a él, asistido por el secretario, le compete la actividad ordinaria. Menciona asimismo una de las novedades introducidas por Francisco e incorporada ya a la normativa: entre los miembros de los Dicasterios puede haber sacerdotes, religiosos y laicos, hombres y mujeres sin distinción.
Ante el volumen de asuntos que deben tramitarse, con miembros y expedientes repartidos por todo el mundo, su respuesta es casi lapidaria: el Dicasterio se sirve de la colaboración de los nuncios apostólicos, «que conocen bien la realidad de las Iglesias locales».
A quienes objetan que responsabilidades como la suya, y antes la de prefecto del Dicasterio para los Textos Legislativos, pueden parecer al fiel común realidades elevadas y distantes, Iannone responde cambiando la perspectiva desde dentro: cualquier fiel puede dirigirse al Papa o a un Dicasterio. Él mismo, explica, recibe numerosas cartas de fieles que señalan problemas en la vida de las diócesis.
El Dicasterio estudia si esas denuncias están fundadas o son fruto de malentendidos y, en el primer caso, interviene «para devolver la serenidad a la vida de la comunidad».
Lo mismo, recuerda, sucedía en el Dicasterio para los Textos Legislativos, al que recurren personas y grupos cuando consideran ilegítimas determinadas disposiciones normativas de los obispos diocesanos.
El sucesor del prefecto que se convirtió en Papa
Hay un dato singular que recorre toda la entrevista: Iannone ha sucedido en el cargo a quien hoy es el Sumo Pontífice. El nombramiento, confiesa, fue «inesperado y emocionante», acompañado de ese sentimiento de insuficiencia que, según afirma, todos experimentan ante responsabilidades semejantes.
Sin embargo, el hecho de que el entonces cardenal Robert Francis Prevost dirigiera el Dicasterio durante algunos años constituye, a su juicio, una ventaja. La línea de trabajo ya está trazada y continuar por ese camino facilita la tarea, también gracias al diálogo periódico entre el prefecto y el Papa.
¿Qué tipo de obispo busca hoy la Iglesia? Iannone explica que León XIV, tanto en los encuentros diarios y reservados con cada prelado como en las reuniones con grupos de obispos, señala las prioridades pastorales del momento, desde la evangelización hasta el cuidado de la creación, y recuerda las características fundamentales de la vida episcopal: el cuidado de la vida interior, la oración, la acogida, la disposición a colaborar y la atención a los últimos. El modelo esencial, sin embargo, sigue siendo «siempre y en todo tiempo Cristo, Buen Pastor».
Ante el riesgo de que surjan dentro de la Iglesia grupos encerrados en sí mismos y autorreferenciales, el prefecto recuerda el reciente encuentro del papa León con asociaciones y movimientos. Cada grupo debe considerarse parte de un cuerpo, no la totalidad. La diversidad constituye una riqueza cuando se vive junto con la búsqueda de la unidad; cuando se encierra en sí misma, «se convierte en un mal y hace daño a la Iglesia».
Quien debe favorecer las relaciones y, cuando sea necesario, corregir a quienes se apartan de ellas es precisamente el obispo, «padre de toda la comunidad». Iannone incluye esta capacidad entre los requisitos más importantes que se buscan en un candidato al episcopado.
Iglesia universal e Iglesias locales: la brújula de san Agustín
Preguntado por la tensión entre la dimensión universal y la dimensión local de la Iglesia, una cuestión que ha cobrado actualidad ante las peticiones de transferir mayores competencias a las Iglesias particulares, el prefecto vuelve al Concilio Vaticano II: la Iglesia universal está presente en las Iglesias particulares y surge de ellas, sin ser la mera suma de todas.
Una Iglesia particular, explica, es verdaderamente Iglesia en la medida en que vive en comunión con las demás. Cuando se separa de ellas, deja de ser la Iglesia de Jesucristo, que subsiste en la Iglesia católica gobernada por el colegio de los obispos, con el Papa a la cabeza.
Para abordar la relación con las tradiciones locales, Iannone recurre al principio atribuido a san Agustín: «In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas». Unidad en el núcleo esencial de la fe, de la disciplina y de los sacramentos; libertad en las formas de aplicación; caridad en todo. No es casualidad, observa, que las conferencias episcopales dispongan hoy de un ámbito de actuación mucho más amplio que en el pasado.
También es clara su respuesta ante la supuesta tensión entre la mentalidad democrática y el principio jerárquico y sacramental del munus episcopal. Aplicar a la Iglesia categorías propias de la política «resulta engañoso», porque la Iglesia posee una naturaleza distinta.
Eso no significa encerrarse. El Concilio recordó que todo bautizado es responsable de la vida de la Iglesia y del apostolado, y quienes ejercen el gobierno en virtud del sacramento del Orden deben permitir que los fieles ejerzan esa responsabilidad a través de los organismos previstos, desde los consejos pastorales hasta los consejos de asuntos económicos. «En este ámbito, todos estamos en camino», admite el prefecto.
Los sacerdotes que rechazan el episcopado
Uno de los pasajes más significativos de la entrevista se refiere a los sacerdotes que rechazan el nombramiento episcopal. Iannone explica que han aumentado las responsabilidades que recaen sobre un obispo, que la vida de las diócesis se ha vuelto más compleja, que faltan vocaciones y que algunos sacerdotes, sencillamente, no se sienten preparados.
«Es un hecho que hay sacerdotes que no aceptan», reconoce. De ahí su invitación a superar el prejuicio de considerar el episcopado como un simple honor. También el obispo es un ser humano, con momentos de desánimo y dificultades en sus relaciones.
La crítica es legítima cuando se equivoca, pero no puede ser el único modo de relacionarse con él. Es necesario ayudar a los obispos y, sobre todo, rezar por ellos.
En cuanto a la sinodalidad, el prefecto advierte del peligro de reducirla a una reivindicación de derechos que, por otra parte, ya están reconocidos en el Código. Sinodalidad significa «sentirse parte de un todo y asumir la responsabilidad que ello comporta». El peso de la diócesis no recae únicamente sobre el obispo, sino sobre todos los fieles.
Y cuanto más vive una persona su fe y participa en la vida de la comunidad, mayor autoridad tiene su voz, porque habla desde dentro y no de manera superficial.
La entrevista concluye con una mirada a la Iglesia croata, que Iannone visita por primera vez: una Iglesia que, tras los años de sufrimiento vividos en el pasado, está recorriendo un fecundo camino de crecimiento de las comunidades y de corresponsabilidad de los fieles. Una Iglesia que, al menos en Zagreb, cuenta con numerosas vocaciones, signo de vitalidad para la Iglesia y para sus comunidades.
s.F.V.
Silere non possum



