Ciudad del Vaticano – El cardenal Arthur Roche ha explicado las intenciones del papa León XIV en materia de disciplina litúrgica en una extensa entrevista concedida a Maggie Fergusson para el semanario británico The Tablet. El prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha confirmado que el Pontífice mantendrá en vigor Traditionis custodes, el motu proprio con el que Francisco restringió en 2021 la celebración de la Santa Misa según el misal de 1962, descartando así cualquier regreso a las aperturas introducidas anteriormente por Benedicto XVI con Summorum Pontificum.
Preguntado por qué esta cuestión sigue siendo tan delicada, Roche señaló que se trata de un ámbito tan complejo como relevante, puesto que afecta a la Eucaristía, definida por el purpurado como el «sacramento de la unidad»: el lugar en el que toda la comunidad debería reunirse para celebrar unida. Cuando una controversia sobre el culto comienza a provocar fracturas, observó, algo deja de funcionar seriamente en la vida de la Iglesia.
El prefecto relató una situación que, según afirmó, se repite con frecuencia en sus encuentros con grupos vinculados a la liturgia preconciliar, aunque no precisó qué colectivos ha recibido hasta ahora. Roche explicó que, cuando recuerda a sus interlocutores que el Santo Padre ha mantenido, en cualquier caso, la posibilidad de celebrar según el rito anterior, estos no suelen ofrecer argumentos concretos y terminan volviendo a declararse «perseguidos». El cardenal describió esta actitud mediante una metáfora musical: una banda que sigue interpretando una melodía disonante respecto al resto de la vida eclesial.
A la pregunta de si una fiel anciana, que había crecido en la devoción tridentina, debía considerar equivocado el modo en que había vivido la fe durante su infancia, el prelado respondió con una negativa rotunda. Recordó la enseñanza del Concilio Vaticano II sobre la necesidad de hacer a la Iglesia más misionera y explicó que, para preparar a los fieles para esta tarea, el núcleo de la vida eclesial debía alimentarlos de un modo diferente. La abundancia de la Sagrada Escritura que ofrece hoy la celebración de los sacramentos constituye, a su juicio, una riqueza de la que no dispusieron las generaciones anteriores.
Roche se detuvo también en el papel del celebrante. En la misa tridentina, el acento recae sobre el sacerdote, que actúa en nombre de la asamblea; en la reforma litúrgica posterior, también los bautizados, en cuanto pueblo sacerdotal, participan activamente en la celebración junto a quien la preside.
Al concluir su reflexión sobre esta cuestión, el cardenal remitió estas posiciones a un único criterio de fondo: la capacidad del sacramento eucarístico para mantener unida a una comunidad plural sigue siendo, en sus palabras, la medida con la que debe valorarse cualquier decisión relativa al culto, incluidas las que acompañarán el pontificado de León XIV.
p. L. C.
Silere non possum



