A las siete y media de esta mañana, en la Basílica Vaticana, junto a la tumba del apóstol Pedro, León XIV presidió la Santa Misa con la que quedó abierto el segundo Consistorio extraordinario de su pontificado, convocado para los días 26 y 27 de junio. Es la segunda reunión de este tipo, después de la celebrada los pasados 7 y 8 de enero, pero no se trata de una iniciativa aislada. Por expresa voluntad del Papa, manifestada ya improvisadamente al término del primer encuentro, el Consistorio extraordinario se perfila ya como un método de gobierno llamado a repetirse cada año, siempre en fechas próximas a la solemnidad de los santos apóstoles. La elección de estas fechas, por tanto, no tiene nada de casual.
En la homilía, Prevost se detuvo en la imagen joánica de la vid verdadera. De ella extrajo la clave de todo el encuentro: «Permanezcan en mí como yo en ustedes», con la advertencia de que «separados sin mí no pueden hacer nada» y, al mismo tiempo, con la promesa de «mucho fruto». Es uno de los rasgos de este pontificado, que insiste en la primacía de la gracia sobre toda iniciativa institucional y hace derivar de esa prioridad, con consecuencias concretas, un modo preciso de ejercer el gobierno.
Los tres criterios de discernimiento
León XIV entregó a los purpurados tres indicaciones. La primera es la verdadera libertad en la fe: la relación con Cristo, afirmó, libera «del pecado y del miedo», y esa libertad precede y fundamenta el anuncio. La segunda es la paz en la unidad, y es en este punto donde la homilía enlaza con el programa de trabajo. La tercera es la concordia en la obediencia, entendida como escucha del Verbo y como purificación de las intenciones en el camino sinodal.
Sobre el segundo punto, el Papa formuló la afirmación más contundente: «La guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios». La referencia a las «armas hipertecnológicas» y a actuar «no como animales» llega pocas horas antes de la segunda sesión del Consistorio, dedicada por la tarde a «La cultura del poder y la civilización del amor». El cardenal Víctor Manuel Fernández la introducirá a partir del capítulo V de Magnifica humanitas, centrado precisamente en «cómo reafirmar hoy la superación de la teoría de la guerra justa». Con su reflexión de esta mañana, en otras palabras, el Santo Padre ya ha marcado la dirección del debate que los cardenales mantendrán a puerta cerrada.
El Papa se refirió expresamente a la encíclica «que promulgué [en realidad, la firmó; N. de la R.] el pasado 15 de mayo», situando su horizonte en la «civilización del amor» de Pablo VI y definiendo a la familia humana como una «magnifica humanitas que encuentra en Cristo a su Cabeza y Redentor». La paz, precisó, no es una aspiración sentimental, sino «un deber de justicia», arraigado en un principio ético y no meramente biológico.
El núcleo eclesiológico: el primado como servicio
El pasaje más relevante, sin embargo, no se refiere a la geopolítica. Es aquel en el que León XIV define la relación entre el ministerio petrino y el Colegio Cardenalicio. «La ayuda que podrán darme en el ejercicio del ministerio petrino - dijo - encuentra en mí a quien pide, no a quien manda». Y añadió que la autoridad del primado «es propia de quien escucha y solo por eso guía, de quien aprende y solo por eso enseña».
Es una formulación que merece atención porque propone una lectura de la autoridad primacial en clave abiertamente relacional: la escucha no aparece como un adorno del gobierno, sino como su condición. Se trata de un cambio de enfoque claro respecto de lo sucedido durante los últimos doce años. Prevost enlaza así con Benedicto XVI, quien en 2005, al tomar posesión de la cátedra romana de San Juan de Letrán, recordó que la potestad confiada a Pedro y a sus sucesores no es un poder soberano ni la facultad de imponer ideas personales. El ministerio petrino, explicaba Ratzinger, es ante todo un encargo de servicio y la garantía de la obediencia de la Iglesia a Cristo y a su Palabra. El Papa no está por encima de la fe recibida, sino vinculado a ella; no puede plegar la Iglesia a las modas, a los oportunismos o a las interpretaciones cambiantes de cada momento, sino que debe custodiar y hacer resonar la Palabra de Dios en toda su integridad.
También debe leerse en esta clave el pasaje en el que León XIV vincula sinodalidad y colegialidad, definiéndolas a ambas como «formas de fraternidad cristiana»: la primera, propia de todos los bautizados; la segunda, específica de los obispos. Quien conozca las tensiones surgidas en los últimos meses en torno a la aplicación del Sínodo comprenderá el alcance de este planteamiento. La colegialidad no se presenta como una corrección o un límite a la sinodalidad, sino como su síntesis en la unidad de la Iglesia y en el servicio común a la fe.
El marco de los trabajos
La homilía abre cuatro sesiones distribuidas en dos jornadas y confiadas a ponentes de procedencias diversas. Tras el saludo del decano, el cardenal Giovanni Battista Re, la meditación bíblica correrá a cargo del cardenal Grzegorz Ryś. La tercera sesión, prevista para el sábado y titulada «Construir en el bien: los desafíos de nuestro tiempo», será introducida por el cardenal Stephen Brislin. Los cerca de doscientos purpurados trabajarán en veinte grupos, bajo reserva y sin presencia de la prensa.
La cuarta y última sesión, el sábado por la tarde, volverá sobre el proceso sinodal de cara a las Asambleas de 2027 y 2028, con un diálogo libre. El Consistorio concluirá el 29 de junio, cuando el Papa presida en San Pedro la Santa Misa de los santos Pedro y Pablo, bendiga los palios y se los imponga a los nuevos arzobispos metropolitanos.
Pero queda, sobre todo, la frase sobre el primado. Un Papa que, al reunir a cardenales llegados de todo el mundo, se define como «quien pide, no quien manda» señala con claridad el criterio con el que pretende ejercer el gobierno de la Iglesia. Los próximos días, en el debate reservado del Consistorio, ofrecerán una prueba más de ello. Y esto ocurre pese a que, en las últimas semanas, algunos cardenales habitualmente calificados de «tradicionalistas» hayan intentado golpear al Papa recurriendo también a psicoblogs más inclinados a la deslegitimación personal que al debate eclesial.
p.F.G.
Silere non possum