Madrid - Lejos de las cámaras, de los focos y también de aquellos periodistas - precisamente como los que Tornielli llevó al Palazzo Pio - , León XIV ha elegido hoy encontrarse con seis personas que han sufrido abusos.
Cada uno de los presentes, partiendo de su propia historia personal, presentó al Pontífice algunas propuestas concretas para hacer más eficaz la respuesta eclesial ante casos tan dramáticos. León XIV escuchó, aseguró su cercanía y la de toda la comunidad eclesial, y se comprometió a que las indicaciones recibidas se conviertan en «fundamento de ulteriores esfuerzos», para que la Iglesia sea realmente un «lugar seguro y espiritualmente sano».
Los encuentros políticos y el homenaje de la familia real
Concluida la conversación con las víctimas, el Papa mantuvo un breve coloquio con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y posteriormente saludó al jefe de la oposición y líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo. Antes de dejar la sede diplomática para dirigirse a la Catedral, León XIV se encontró con la reina emérita Sofía, saludando junto a ella a otros miembros de la familia real.
En la Almudena, la rosa de oro a la Virgen
A su llegada a la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, el Pontífice fue recibido por el arzobispo metropolitano de Madrid, el cardenal José Cobo Cano - que lo acompaña en todas las etapas de estos días -, mientras lo esperaban también dos niños con una ofrenda floral. A la entrada, el obispo auxiliar le presentó la cruz y el rector el agua bendita para la aspersión; el Papa recorrió después la nave central para ocupar su lugar ante el altar.
En cada una de las iglesias visitadas, León XIV se ha detenido siempre en oración también ante el Santísimo Sacramento. En la Almudena, en cambio, ese momento no estaba previsto: la capilla del Santísimo está íntegramente decorada por Marko Ivan Rupnik, y el Papa decidió no detenerse allí en oración, para no asociar su imagen a la del artista situado en el centro de acusaciones de abusos nunca afrontadas realmente por la Iglesia.

Los muros que no protegen, sino que dividen
Tras el canto de entrada, las palabras de bienvenida del cardenal Cobo, la oración y la lectura del Evangelio, León XIV pronunció su discurso. El núcleo de la intervención de León XIV fue la tradición vinculada a la imagen madrileña: escondida en un recinto de la muralla de la Ciudadela en tiempos difíciles para la comunidad cristiana, habría sido hallada intacta después del derrumbe «milagroso» de una parte de los muros.
«Fue gracias a una muralla demolida que se produjo el reencuentro de la Madre con su pueblo», dijo, leyendo aquel episodio como una indicación de camino: una muralla que cae «provoca ruido, caos, desorden; pero también abre espacios, restaura posibilidades e impulsa restablecimientos».
La referencia a la realidad contemporánea fue explícita. Siguen existiendo todavía - afirmó el Papa - «muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan», y con demasiada frecuencia, para no afrontar aquello que no nos gusta, se prefiere «la comodidad de sólo apuntalarlas» o, más frecuentemente, ignorarlas. La devoción mariana se convierte así en invitación a un gesto opuesto: «para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros».
Al evocar la imagen de la «Virgen del Magníficat», León XIV exhortó a los fieles a ser «constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia», encomendándolos finalmente, con las palabras del himno mariano, «al potente auxilio de su maternal amor».
León se detuvo en oración ante la imagen de la Virgen, ofreciéndole como don una rosa de oro, símbolo - recordó - «del filial amor del Papa a la Virgen María». La ceremonia concluyó con el Himno a la Virgen de la Almudena, la oración comunitaria, el Padre Nuestro y la bendición. En la Catedral estaba presente también la reina emérita Sofía. Al terminar, antes de recorrer de nuevo la nave central, el Papa se retiró brevemente a la sacristía.
d.V.G.
Silere non possum