Ciudad del Vaticano – El Papa León XIV volverá a celebrar la Santa Misa in Coena Domini con el rito del lavatorio de los pies en la Basílica de San Juan de Letrán, catedral del Obispo de Roma. La celebración está prevista para las 17:30 del jueves 2 de abril, marcando una elección que devuelve el Jueves Santo al lugar eclesial que, por tradición y derecho, representa el corazón de la diócesis romana.
En la mañana del mismo día, el Pontífice presidirá en la Basílica de San Pedro la Santa Misa Crismal con los presbíteros de la diócesis de Roma. Se trata de una secuencia litúrgica que recompone el sentido unitario de la jornada: la mañana en torno a los santos óleos y al ministerio sacerdotal; la tarde en la catedral, con el gesto evangélico del lavatorio de los pies, realizado por el Obispo con su pueblo.
La decisión se inscribe en una línea de mayor centralidad eclesial de las celebraciones de la Semana Santa. En los últimos años, en efecto, el Papa Francisco había optado por vivir la tarde del Jueves Santo lejos de la catedral, celebrando el rito en instituciones penitenciarias. Una elección pastoral fuerte en el plano simbólico, pero que había comportado también un alejamiento progresivo de la liturgia central de la diócesis de su lugar propio.
Con León XIV, el Jueves Santo vuelve a vivirse con la diócesis de Roma en su totalidad: en la comunión con los presbíteros por la mañana y en la catedral por la tarde, donde la memoria de los encarcelados y de las periferias eclesiales permanece presente en la oración y en la intención pastoral, sin desplazar el eje litúrgico.
Los ejercicios espirituales de la Curia Romana
En la misma perspectiva se inserta también la elección relativa a los ejercicios espirituales de la Curia Romana. Del 22 al 27 de febrero de 2026, el retiro anual se llevará a cabo en el Palacio Apostólico. En los años anteriores, el Papa Francisco había preferido vivirlos en la Casa Divin Maestro, con un uso significativo de recursos logísticos y económicos. El retorno al Palacio Apostólico devuelve a los ejercicios espirituales su carácter esencial de silencio, oración y recogimiento, evitando gastos superfluos y simplificando la organización de la Curia.
La decisión adquiere un relieve adicional a la luz del traslado definitivo del Papa al Palacio Apostólico, previsto en estas semanas. Una estabilidad habitacional que favorece un ritmo de vida más ordenado, una mayor tranquilidad personal y una concentración más profunda en el ministerio de guía espiritual de la Iglesia universal. En su conjunto, estas elecciones delinean un estilo de gobierno que apuesta por la sobriedad, por la centralidad de los lugares eclesiales y por la recomposición del vínculo entre el Obispo de Roma y su diócesis. No se trata de un simple retorno a prácticas anteriores, sino de un planteamiento que recoloca liturgia, oración y administración en un marco de mayor coherencia eclesial y de responsabilidad en el uso de los recursos.
p.M.C.
Silere non possum