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Viernes, 14 agosto 2026 · Anno V
León XIV, la carta a Roche que deja en evidencia a los impostores y a los psico-blogs
Ciudad del Vaticano14 de agosto de 2026

León XIV, la carta a Roche que deja en evidencia a los impostores y a los psico-blogs

El 29 de junio, el Papa recordaba personalmente al prefecto del Culto Divino la fidelidad a los ritos de Pablo VI y Juan Pablo II. Pocas semanas después, Roche anunciaba que Traditionis custodes no sería modificada.

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Ciudad del Vaticano - Cuando el cardenal Arthur Roche declaró que León XIV no modificaría Traditionis custodes ni volvería a la disciplina introducida por Benedicto XVI con Summorum Pontificum, sus palabras abrieron inevitablemente un interrogante: ¿el prefecto del Dicasterio para el Culto Divino estaba expresando una valoración propia o estaba transmitiendo realmente la orientación del Pontífice?

No tardaron en ponerse en marcha los habituales impostores que se arrogan títulos y los consabidos psicoblogs, lanzando una nueva invectiva contra el cardenal británico y acusándolo de sostener posiciones contrarias a las del papa León XIV. Nada nuevo: es el guion habitual de personajes que construyen polémicas a partir de reconstrucciones falsas, manipuladas y puestas únicamente al servicio de su propia obsesión.

La realidad, afortunadamente, es mucho menos interesante que sus fantasías. Se trata de figuras marginales que van recogiendo aquí y allá rumores, medias frases e indiscreciones procedentes de los bocazas de siempre que gravitan en torno a Borgo Pio, sin tener, sin embargo, conocimiento real alguno de las dinámicas que pretenden contar. Confunden el cotilleo con la información y la charla con la exclusiva. Por lo demás, para describir su fiabilidad bastan los procedimientos penales en los que constan implicados, mucho más elocuentes que sus continuas invectivas en las redes sociales, donde en ocasiones consiguen incluso rebasar los límites establecidos por las propias plataformas y terminan bloqueados o sancionados. El ruido que producen sigue siendo muy superior al peso real de sus reconstrucciones. El resultado es que, a estas alturas, sus ocurrencias son recibidas por muchos más con conmiseración que con interés.

 

En la entrevista concedida a The Tablet, publicada a finales de julio y de la que Silere non possum había dado noticia, Roche había dejado poco margen a la interpretación: «El papa León no va a cambiar Traditionis custodes ni va a volver a Summorum Pontificum».

Un documento anterior a aquella entrevista, publicado hoy por voluntad del propio papa León, permite ahora situar esas declaraciones en un marco más preciso. El 29 de junio de 2026, un mes antes de las palabras de Roche, León XIV había dirigido precisamente al cardenal inglés una carta dedicada a la formación litúrgica, destinada al encuentro celebrado en la abadía benedictina de Mount Angel, en Oregón. El texto aborda principalmente la formación del pueblo de Dios y el ars celebrandi, pero contiene un pasaje que adquiere un peso particular a la luz de lo que Roche diría pocas semanas después.

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Documento adjunto
Carta del Santo Padre León XIV
al Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

El Papa invita, en efecto, a «subrayar la necesidad de fidelidad a los textos y las instrucciones aprobados» y recuerda el respeto que todos aquellos llamados a preparar la celebración de los divinos misterios, «y los sacerdotes en particular», deben mostrar «hacia los ritos promulgados por el papa san Pablo VI y el papa san Juan Pablo II».

Es precisamente esta referencia la que hace significativa la carta en el debate sobre la liturgia anterior a la reforma conciliar. León XIV no menciona Traditionis custodes, no alude directamente al Misal Romano de 1962 ni establece nuevas normas sobre su celebración. Sin embargo, el planteamiento eclesiológico y litúrgico del texto coincide con aquel sobre el que se fundamenta la disciplina querida por Francisco y que Roche, un mes después, afirmaría que estaba destinada a permanecer en vigor. En el motu proprio del 16 de julio de 2021, Francisco estableció que «los libros litúrgicos promulgados por los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, son la única expresión de la lex orandi del Rito Romano». La decisión de León XIV de señalar expresamente a esos mismos dos Pontífices cuando pide fidelidad a los ritos aprobados no puede, por tanto, interpretarse como un detalle.

El vínculo se refuerza con el tema de la comunión eclesial. En la carta a Roche, el Papa aclara que el respeto a las disposiciones litúrgicas debe nacer de una actitud interior de apertura y confianza en Dios, «manifestando humildad ante su grandeza y sincera fidelidad a la comunión eclesial». Es un concepto que León XIV ya había desarrollado públicamente en la catequesis del 27 de mayo dedicada a la Sacrosanctum Concilium: en aquella ocasión había recordado que nadie puede añadir, quitar o modificar por iniciativa propia lo establecido en materia litúrgica y había vinculado expresamente el respeto de los textos y de los ordenamientos de la liturgia con la comunión de la Iglesia.

También en este terreno el paralelismo con Traditionis custodes es evidente. Francisco había presentado las restricciones al uso del Misal de 1962 precisamente en el marco de una búsqueda de la unidad eclesial. En la carta a los obispos que acompañaba al motu proprio había explicado, además, que quería restablecer la unidad del Rito Romano en torno a los libros promulgados por Pablo VI y Juan Pablo II, señalando como perspectiva que, con el tiempo, los fieles arraigados en la forma anterior volvieran a la celebración según los libros de la reforma conciliar. En la versión oficial española, Francisco habla expresamente de quienes «necesitan tiempo para volver al Rito Romano promulgado por los santos Pablo VI y Juan Pablo II».

Las palabras pronunciadas por Roche, por tanto, no son otra cosa que la orientación que León XIV le había confiado personalmente. Antes incluso de que el prefecto afirmara públicamente que el Papa no modificaría Traditionis custodes, León XIV ya le había escrito reafirmando el principio de fidelidad a los ritos promulgados por Pablo VI y Juan Pablo II y vinculándolo directamente con la comunión eclesial.

La secuencia cronológica es significativa. El 27 de mayo, León XIV, durante la audiencia general, había abordado la reforma litúrgica recordando la necesidad de custodiar los textos y los ordenamientos de la liturgia. El 29 de junio había retomado y desarrollado aquel principio en la carta dirigida personalmente a Roche, concretando la referencia a los ritos promulgados por Pablo VI y Juan Pablo II. A finales de julio, finalmente, el prefecto del Culto Divino había declarado a The Tablet que León XIV no modificaría Traditionis custodes ni restablecería el marco normativo de Summorum Pontificum.

La carta permite, por tanto, comprender mejor la seguridad con la que habló Roche. Y, al mismo tiempo, ofrece una medida bastante precisa de la fiabilidad de ciertos psicoblogs y de los habituales impostores que pontifican a diario en las redes sociales, insultan a cualquiera que se atreva a contradecirlos y difunden reconstrucciones cada vez más fantasiosas, confiando en la ingenuidad de una parte de su público, dispuesta a dejar un «me gusta» sin siquiera darse cuenta de que esas publicaciones, pocas horas después, son prudentemente eliminadas por miedo a las consecuencias.

Es un mecanismo ya perfectamente rodado: se lanza la acusación, se alimenta la sospecha, se recaba consenso y, cuando el terreno empieza a ser menos seguro, se hace desaparecer lo que se había escrito. La convicción, evidentemente, es que en la feliz tierra itálica determinadas conductas pueden permanecer sin consecuencias durante un tiempo indefinido. Pero la responsabilidad, tarde o temprano, acaba pasando factura.

Mientras tanto, en Palazzo Pio sigue habiendo quien mantiene acreditados a estos personajes en virtud de los medios para los que colaboran, incluso cuando sus currículos, sus cualificaciones y sus conductas exigirían, como mínimo, alguna comprobación adicional. Es una cuestión destinada a salir a la luz: no solo para quien utiliza una acreditación, sino también para quien la concede, la renueva y decide mantenerla pese a todo. En el Dicasterio, sin embargo, el ambiente ha cambiado y pronto alguien pedirá cuentas también por esto.

p.S.V.

Silere non possum

 

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