Ciudad del Vaticano – España despertó bajo el peso de uno de los desastres ferroviarios más graves de los últimos años. Anoche, 18 de enero de 2026, en las inmediaciones de Adamuz, en la provincia de Córdoba, dos trenes de alta velocidad descarrilaron y colisionaron en una dinámica que provocó al menos 39 muertos y más de cien heridos. Un acontecimiento repentino y violento que interrumpió la circulación de una línea ferroviaria renovada solo unos meses atrás y que abrió interrogantes aún sin respuesta sobre las causas del accidente.
Según la reconstrucción de las autoridades españolas, el primer tren, que partió de Málaga con destino a Madrid, descarriló a las 19:39. Los últimos tres vagones salieron de los raíles y acabaron en la línea adyacente. Aproximadamente veinte segundos después, un segundo convoy, procedente de Madrid y dirigido a Huelva, que circulaba a unos 200 kilómetros por hora, impactó contra los vagones ya descarrilados. El tiempo disponible fue insuficiente para la activación del freno de emergencia: el impacto hizo que también el segundo tren saliera de los raíles, algunos vagones cayeron en una zanja lateral y la escena que se presentó a los equipos de rescate fue la de una devastación total.
El balance sigue siendo provisional. Las autoridades han confirmado la extracción de todos los supervivientes, pero el número de víctimas podría aún aumentar. Entre los fallecidos se encuentra también el maquinista del tren con destino a Huelva, un joven de 27 años. En total, casi 480 personas viajaban en ambos convoyes. Muchos de los heridos fueron trasladados a los hospitales de la región, mientras que para los familiares de las víctimas se abrieron oficinas especiales de identificación, también mediante muestras de ADN. En el plano técnico, las investigacionesacaban de comenzar. El tramo de línea afectado es un trazado rectilíneo, un elemento que ha sorprendido tanto al ministro de Transportes como a los expertos consultados. Entre las hipótesis que se barajan figura un posible fallo en una junta entre los raíles, que podría haberse ampliado progresivamente con el paso de los trenes hasta provocar el descarrilamiento. Los resultados oficiales requerirán días, si no semanas. Mientras tanto, el tráfico ferroviario en la línea ha sido suspendido y las interrupciones podrían prolongarse durante mucho tiempo.
La cercanía y la oración de León XIV
En este contexto de dolor nacional, marcado también por la proclamación de tres días de luto, llegó el mensaje del Papa León XIV. A través de un telegrama firmado por el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, dirigido al presidente de la Conferencia Episcopal Española, el Arzobispo de Valladolid, Luis Javier Argüello García, el Pontífice expresó su profundo pesar por las víctimas y su cercanía a los familiares golpeados por la tragedia. El Papaaseguró sufragios por el eterno descanso de los difuntos, dirigió palabras de consuelo a los parientes de las personas fallecidas y expresó el deseo de una pronta recuperación para los heridos. En el telegrama no falta un aliento explícito a los equipos de rescate, comprometidos sin descanso en las operaciones de asistencia y ayuda. Por último, el Santo Padre impartió la bendición apostólica, confiando a las víctimas y a todo el País a la intercesión de Nuestra Señora del Pilar, como signo de esperanza en el Señor Resucitado.
Mientras las investigaciones intentarán aclarar responsabilidades y causas, el País afronta una herida profunda, que ha golpeado a familias, comunidades y a todo el sistema de transportes. En este escenario, el mensaje del Papa se inserta como un gesto de proximidad y de participación en el dolor, llamando a la memoria de las víctimas y a la responsabilidad colectiva que sigue a toda tragedia de esta magnitud.
p. L. C.
Silere non possum